¿Quién dijo que todo está perdido?
- Fernando Aparicio - Terapeuta

- 17 feb 2017
- 2 min de lectura

Hay un momento en que es posible ser invadidos por la sensación de que todo lo vivido no ha servido de nada y que nuestra vida ha sido un desperdicio, una pérdida de tiempo, un sin sentido. En un momento de mi vida, lo sentí.
En general, estamos programados para tener éxito y ser personas bien sucedidas. Esto supone que cada paso que damos debe conducirnos a ser felices, no tener problemas y asegurarnos, lo más posible, de no sufrir las carencias que nuestros progenitores sufrieron. Cuando esto no pasa, concluimos que nuestra vida es desaprovechada, que es un desorden. Estamos educados para juzgarnos con severidad y alevosía.
El desafío es romper con ese diálogo interno. Quizás la clave es revisar el trayecto con generosidad, justicia y agradecimiento para descubrir, ¡con sorpresa!, que la vida, por sí misma, no es tiempo perdido, sino un regalo incomprensible que merece ser amado, valorado y tomado en serio. Por tanto, poner en orden lo vivido será importante para aprovecharlo y seguir adelante.
Hoy, a la distancia de mi momento cero, pienso que la categorías de éxito y felicidad deben ser siempre revisadas y re-valoradas para asumir que lo que hay de nosotros, lo más valioso, es precisamente el trayecto. El trayecto es el que nos configura a partir de experiencias, sentimientos, personas, resoluciones, relaciones, ideas y constataciones.
Este ejercicio-proceso personal puede ser acompañado con respeto y delicadeza en función de revisar y amar lo vivido desde el corazón y la generosidad, sabiendo que la responsabilidad final de poner orden será una decisión individual.
Por tanto, ¿quién dijo que todo está perdido?, ¡vamos a ponerle el corazón!*
* paráfrasis de la letra de la canción "Yo vengo a ofrecer mi corazón" escrita por Fito Páez e interpretada magistralmente por Mercedes Sosa.



Comentarios