Bárbara Andrade, o la toma de consciencia de una vida por vivir
- Fernando Aparicio - Terapeuta

- 25 ene 2017
- 2 min de lectura

"Sé consciente de que tienes una vida por vivir, responsabilízate por ella y sé coherente, eso te hará madurar", me dijo Bárbara Andrade el día en que me percibió vitalmente perdido, sin objetivos y con un gran miedo a un futuro lleno de demonios inventados por mi.
Ella fue la personalización de una acompañante en mi vida. De apariencia extravagante: alta, pelo blanco con extensiones anaranjadas, botas de tacón, jeans y sacos coloridos, como sacada de una novela de Isabel Allende, era sabia. Su sabiduría de vida complementada con la antropología, la teología y la psiquiatría me ayudó a perfilar mi yo y a constatar que la única responsabilidad que realmente tengo es hacerme cargo de mi vida, ya que nadie lo hará por mi. Fue un proceso largo y duro, compuesto de tiempo compartido, revisiones de tarea, conversaciones, risas, llantos, decisiones. Y ahora que lo escribo, me digo: fue un proceso maravilloso.
"Tu vida es única, una única y maravillosa locura, decía en su tono agringado con influencia alemana, apodérate de ella". Acompañó mis pasos en la construcción de objetivos, en la realización de los mismos y en la elaboración de mi proyecto de vida. Cuando finalmente me vio encarrilado en un giro de ciento ochenta grados, se despidió elegantemente en una tarde generosa en tiempo y humanidad.
Ese día, al salir de su casa, pensé: algún día yo seré como ella. Hoy acompaño gente en la ardua y maravillosa tarea de hacerse cargo de su propia vida.
Ser consciente de mi vida por vivir fue un regalo que Bárbara me dio. Y ella fue el regalo que tuve la oportunidad de disfrutar. Y es que ser acompañado, reflejado, orientado, es un privilegio. Sé que Bárbara me sigue acompañando con su risa pícara y su voz profunda desde otro plano, otra dimensión, mientras sigo haciendo realidad lo que un día apenas era un sueño.
[La Dra. Bárbara Andrade fue profesora y directora del área de Teología y Religiones en la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México. También fue psicóloga, consejera, escritora, madre, amiga divertida e irreverente, acompañó a mucha gente en la toma de consciencia de sus vidas. Murió en 2014.]



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